Mañana de sábado en la ciudad de Buenos Aires, turistas y locales desayunan al sol en un barrio que cambio mucho su fisonomía en los últimos 10 años.
De aquella zona de talleres y bodegones que que conocí cuando en la escuela secundaria en el barrio de chacarita nos escapábamos de clase y solíanos recorrer a pie hasta los bosques de palermo, hasta esta llena de “bohemia importada”, que aunque contradictorio, no deja de gustarme.
Dos momentos en el tiempo, dos realidades diferentes, casi esquizofrénicas, ambas me atrapan, y me doy cuenta que estoy lleno de dualidades y contradicciones. No hay dudas, soy argentino
Plaza Serrano, palermo viejo
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