Este cayo está vendido como la estrella del lugar, y realmente no está errada la venta. Es el más grande de todos los cayos que se pueden visitar y posee extensas playas tanto de un lado, como del otro de la isla.
Algo que no conté antes es que cuando se contrata una lancha, no solo hay que conseguir el grupo de 8 a 10 personas dependiendo la lancha, si no también acordar una hora de regreso común. A las 18 comienza a oscurecer, al menos en Marzo, por consiguiente y dependiendo la lejanía del cayo a visitar, lo recomendado es a las 17 como última hora. Cayo Sombrero está a 30 minutos de lancha , cruzando un sector de mar bastante movido. Por lo tanto de Aquí deberán volver entre las 16:30 y las 17.
Como era de preveer los salvavidas brillaban por su ausencia, algo que se debería tener en cuenta en un viaje de este recorrido. Esto es algo que la autoridad de Chichiriviche debería regular cuanto antes.
Lo primero que nos va a deleitar la vista de Cayo Sombrero es el increíble azul turquesa de sus aguas, y lo cristalino de las mismas, que también son frías, en el medio de la isla, un manglar conecta con el mar, donde aves reposan y se alimentan. Un lindo espectáculo para la vista. El lado que mira al continente posee arena más fina entre un beige muy suave y un rosado claro, si bien quiere ser blanca no llega, y ese parece ser hasta ahora el denominador común de la arena de la zona, llegando en Cayo sombrero a su máximo nivel de claridad, sin llegar a ser blanca. El lado que mira a mar abierto, tiene una brisa muy agradable pero la arena de la costa es más gruesa y el fondo de la zona de baño es más pedregoso, del lado del continente, es ideal para un baño bien tipo caribe pero la brisa no llega producto del estupendo bosque de palmeras del cayo, por tanto es un lado muy caluroso y me imagino que también el más visitado.
Y hablando de los visitantes y su comportamiento. Cayo sombrero al ser el más lejano, es el más caro, 300 bfs la lancha desde Chichiriviche y 500 bfs desde Tucacas, lo que da como resultado, aunque sea lamentable la discriminación por precio, un cayo mucho más limpio, consecuencia de ser un producto no masivo. De igual forma, la costumbre de entrar al mar con vasos de plástico y cervezas, y dejar las bolsas de snack en la playa, parece ser una costumbre mas bien transversal en Venezuela.
Sin embargo esta vez, la nota de color, la dieron un grupo de jóvenes compatriotas, los cuales hicieron pié en la isla con camisetas de fútbol de distintos equipos y un gigantesco grabador el que encendieron a todo volumen, contaminando sonoramente el paisaje con detestable cumbia villera. Como verán, la mala educación y el mal gusto no reconoce nacionalidad.
En este cayo también hay servicios de kioscos de comidas y reposeras, las sombrillas no son necesarias, dada la cantidad de palmeras, y también los vendedores de mariscos, artesanías, etc. A tener cuidado con las masajistas, ofrecen una muestra gratis de masaje que luego termina en una especie de extorsión, si no están decididos a darse uno no acepten la muestra gratis y si van a hacerlo, arreglen claramente el precio y tiempo de masaje, ya que los 15 o 30 minutos que arreglen tienen tendencia a convertirse en 10 o 20. Mucho cuidado.
Volviendo del Cayo, por la noche nos decidimos a probar algo de los quioscos de comida de la calle, los cuales ofrecen una variedad de comidas para elegir. Nosotros fuimos al quiosco de Rosi, enfrente de la pinturería Chichiriviche, a comernos un “Pepito” y una Hamburguesa. El pepito es como un pan a medio camino entre baguette y francés; grande al que se le pone lechuga tomate, jamón, huevo, mayonesa, mostaza, Ketchup, y algunos ingredientes más, que olvidé, de base, luego arriba de eso un salteado de carne y pollo o chorizo, o los tres, cortada a cuchillo y arriba una vez más, condimentos para poder fijar la lluvia de papas que va sobre todo eso. Una delicia. Lo mejor es ver la forma de armar el pepito de Rosi, y la forma de envolverlo y dejarlo listo para llevar y consumir, una Artista. La hamburguesa, es igual pero en pan de hamburguesa también muy grande, y con un huevo frito, una bomba de tiempo, una exquisitez.