Día 10, paseo corto y Cayo Muerto.

El último día de paseos en Chichiriviche comenzó tarde, a las 11 nos reunimos en el malecón, debido que nuestros amigos se encontraban en la difícil tarea de encontrar vuelo de un día para otro a Los Roques. Tarea nada fácil, dado que es un archipiélago con poca capacidad turística y precios elevados (Por suerte para el medio ambiente de Los Roques). Es así que luego de casi dos semanas de querer conocer las famosas cuevas, arreglamos el paseo corto (Criadero de ostras, barco hundido, galería de mangles, cuevas del indio y la virgen y un cayo de los cercanos para playa) y salimos en plan de excursión.
El paseo en sí ya solo vale la pena por el simple hecho de estar navegando en la bahía que se forma entre Chichiriviche y Tucacas (Les debo el nombre para más tarde) entre mangles, aves y la más absoluta soledad. El criadero de ostras, el cual está abandonado, el barco hundido y los canales son solo puntos de paso sin mayor importancia que el dato de color que aportan. Sin duda alguna, lo jugoso del paseo está en las cuevas.
Al acercarse a la llegada a las mismas, la lancha se pega cada vez más a los acantilados plenos de vegetación que forman los bordes de la bahía. Desde la lancha se pueden divisar cuevas, grietas y distintas hermosas formaciones que se dibujaron gracias al paso del tiempo y el arte escultor del agua golpeando contra las paredes de los mismos.
Antes de entrar en la cueva del indio, la lancha se detiene para que observemos una de estas curiosas formaciones. En lo alto del mismo, en medio del gris y negro de la roca, dentro de un hueco con forma de altar capilla natural, se forma la imagen casi perfecta, al menos desde esa distancia, de una virgen, a la que los lugareños bautizaron nuestra señora de la roca, y a la que más adelante en la excursión, visitaremos un santuario hecho en una gruta dentro del acantilado.
La cueva del indio
Luego de ver el milagro de la roca, unos metros más adelante llegamos al pequeño embarcadero de la cueva del indio. La cueva del indio es una imponente formación geológica situada en la pared del acantilado tiene una pequeña pasarela circular desde la cual se pueden observar los petroglifos que los antiguos visitantes dejaron en sus paredes y unos carteles informativos sobre los mismos, los dibujos que dejaron y la fauna de la zona. En una parte de la pasarela se abre una grieta en la pared, a la que el peñero nos invitó a pasar y recorrer para salir del otro lado de la cueva. Luego de pasar por unas piedras complicadas y un pasillo natural de roca, se abre un impresionante santuario vegetal, donde lianas, enredaderas, árboles y otras especies de plantas pueblan un impresionante patio natural de roca, el cual unos 30 metros más arriba se abre al cielo. Como es natural, en la cueva hay murciélagos, los cuales no fueron un problema en absoluto.
La cueva de la Virgen
Unos metros saliendo del embarcadero, como a uno o 2 minutos, la lancha entró en la cueva de la virgen. En esta cueva no es posible desembarcar, dado que no tiene donde, es mucho más pequeña que la otra, pero en sus paredes está llena de imágenes de vírgenes y santos locales que los pescadores han dejado en honor de nuestra señora de la roca, dado lo cual el lugar tiene una mística especial.
Cayo muerto, la sorpresa
Voy a confesar que casi no vamos a este cayo, dado que el mismo goza de muy mala prensa. Al ser el más cercano a Chichiriviche, Justo enfrente, es el que más se llena sábados y domingos, sobre todo porque el traslado al mismo es muy económico, 100 bolívares por lancha, divido por 9 personas, es realmente económico. La mala reputación venía del hecho de la concurrencia extrema de gente en el mismo, lo cual combinado con la supuesta poca limpieza y mantenimiento del ambiente, resultaba casi en una isla basurero; pero ya habíamos ido a Cayo Sal y Peraza, y nuestros amigos habían ido a Peraza así que le pedimos que nos acercara para ver como se veía antes de bajar.
Al acercarnos a la costa nos encontramos con una playa muy cuidada, recién barrida, se notaba por las marcas en la arena, los cestos de residuos limpios y con las bolsas recién cambiadas (Se notaba desde la lancha) y como la playa formaba una piscina natural con una especie de arrecife hacia el lado del mar abierto, nos animó a bajar.
No había casi nada de gente en Cayo Muerto, y las instalaciones del lugar, los restaurantes, sombrillas, sillas etc. Estaban en excelente estado, además el cayo está repleto de árboles y palmeras por lo tanto tiene una excelente sombra natural que te evita el alquiler de todo lo anterior.
El agua estaba súper transparente y con una temperatura ideal, lo que dio como resultado un día de playa excelente. El único punto negativo es que al comer algo, aparecen moscas, muy molestas por cierto, y algún que otro gato con el hambre suficiente como para no tener miedo a un simulacro de ojotazo para intentar espantarlo. En definitiva, Cayo muerto, es una excelente opción para día de semana.
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Acerca de Gustavo Papasergio

Analista TI, Músico, Blogger y Viajero. Muy curioso y siempre dispuesto a aprender. La ausencia de prueba no es prueba de ausencia. http://tecnotravel.com.ar Hay dos formas de ver la vida. Creer que los milagros no existen o creer que todo lo que existe es un milagro. Albert Einstein
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