Día 9 Cayo Pescadores. Mar, Sol y Reggaeton a toda Rumba

Esta fue una de las sorpresas más agradables de la estadía en Chichiriviche. Una vez más en el malecón buscando número para la excursión, cuando una conocida familia de la zona que iban en número de 5 a Cayo Pescadores, nos invitó a unirnos al grupo dividir el gasto de la lancha, así que partimos a al mismo por solo 80 bolívares. Un lujo para una lancha que cuesta 300 hacerla salir en ese plan.
Durante el viaje, la que llevaba las riendas de la expedición nos contó que Pescadores estaba de moda, y que durante los fines de semana, llegaban hasta allí lanchas deportivas y pequeños yates, anclaban en el lugar y todo el mundo “a pura rumba” como le dicen por acá, en el agua.
El Cayo
Pescadores es una isla de poco tamaño, parecida a Peraza en tamaño, solo que no se la puede rodear por tierra, ya que el lado que mira a Cayo Sombrero (Está enfrente, pero a una distancia respetable) está compuesta de manglares y el lado que mira el Continente tiene una pequeña playa, pero, y ahí está el secreto, que termina en una inmensa piscina natural. INMENSA, ENORME, la cual hacia la derecha, mirando al continente, parece continuar hacia Sombrero (Es una suposición, no intenten cruzar nadando por favor) y hacia la derecha hasta una barrera de arrecifes que la separan de mar abierto. Enfrente, un maravilloso conjunto de mangles. Pescadores cuenta con una agua transparentísima (Hasta que se llena de lanchas, yates y gentes) y a una temperatura deliciosa.
El cuidado de la playa es mismo de los otros cayos, pero al día nueve de la estadía deja de llamarte la atención, y lamentablemente solo te preocupas por no dejar tu basura en la isla y limpiar lo que está a tu alcance. En eso momento comenzás a disfrutar la playa al estilo venezolano, sol, arena y mar, tragos, música y todo chévere. Automáticamente después terminás pensando, si todos tuviéramos la posibilidad de tener ese clima, ese paisaje, esas playas, y esa alegría de pasarla al aire libre con música y en traje de baño todos los fines de semana de año, “Todos”. ¿De que otra forma se podría encarar la vida? Y les digo que esto no es el paraíso, solo porque están descuidadas las condiciones medioambientales del parque, porque de otro modo sería el lugar ideal para pasar todos los días de tu vida.
Entre las 11 y las 13 horas el lugar va ganando en yates, lanchas deportivas y la cacofonía de ritmos
(alegre cacofonía de ritmos, a esta altura ya me siento un local) comienza a salir de los súper parlantes de las lanchas y yates, grupos de adolescentes de nivel social medio y alto (se distinguen porque llegan al cayo súper producidos y con los últimos modelos de Blackberry, una pasión nacional en Venezuela) comienzan a desparramarse entre los arbustos y palmeras con gigantescas cavas (Heladeras de playa) con cientos de litros de cerveza y ron; los cuales van desapareciendo en el agua mientras rumbean al ritmo de Dady Yanki, Música Electrónica y ritmos tropicales todo al mismo tiempo dependiendo de la cercanía de la lancha en la que uno esté o todo mezclado si uno está en un punto medio.
De los yates van bajando los ocupantes con sus cadenas y anillos de oro, y de las lanchas de paseo; locales de descanso, nosotros (los turistas) y más adolescentes trabajadores del lugar, a los cuales se los puede ver trabajando en actividades turísticas luego en Chichiriviche. Todos mezclados, todos bailando, todos juntos al ritmo del reggaeton, bajo el mismo sol y en el mismo mar en algo en lo que no se diferencian, la ganas de vivir al sol, rumbear y disfrutar la vida y las bellezas de su clima y su paisaje, sin distinción de clase ni edad, Y creo que eso, fue lo mejor de la estadía en Chichiriviche hasta el momento.
Entre medio de este encantador descontrol, botes van pasando vendiendo, desde langostas hasta ostras, cóctel de camarones, pulpo ceviche, artesanos con puestos flotantes de artesanías y heladeros con heladeras flotantes. En un lugar Sensacional que está más allá de la imaginación, al menos para un habitante de la parte sur del continente, donde el invierno es frío, la costa es marrón, está contaminada, su ciudad no mira al mar y el ritmo tradicional es un lamento melancólico.
Y todo esto, en temporada baja, donde según me contó la jefa de esta familia local, todo está disminuido en 10 o 15 veces su cantidad.
Por la noche repetimos el genial kiosco de pepitos de Rosi, pero con nuestros nuevos amigos, Alejandra y Alejandro, planificando la excursión conjunta del día siguiente. El paseo corto (Criadero de ostras, barco hundido, galería de mangles, cuevas del indio y la virgen y un cayo de los cercanos), o el largo (Cuevas de la virgen y el indio, Los Juanes y parada final en Cayo Sombrero).

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Acerca de Gustavo Papasergio

Analista TI, Músico, Blogger y Viajero. Muy curioso y siempre dispuesto a aprender. La ausencia de prueba no es prueba de ausencia. http://tecnotravel.com.ar Hay dos formas de ver la vida. Creer que los milagros no existen o creer que todo lo que existe es un milagro. Albert Einstein
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